Esta semana ha sido sumamente difícil, el día había comenzado como cualquier otro, Leo a la oficina, yo al yoga, nada parecía vaticinar que esa mañana que había amanecido azul, sacándome una sonrisa con la alegría de respirar un día mas, terminaría en una noche llena de lágrimas y angustias.
Onix, mi pequeño gato, mi negrito, cayó de una hora a otra en una debilidad extrema, inexplicable, porque horas antes de que su cuerpecito comenzara a fallar, había estado por la casa caminando tranquilo, como todos los días, había dormido la siesta conmigo, había comido como siempre y exigido las mismas caricias y atenciones que siempre pedía.
Sólo recordar lo triste de la noche del lunes y la madrugada del martes me pone un nudo en la garganta, ver sufrir a un ser tan indefenso y sentirme impotente de no poder hacer nada para aliviar lo que lo tuviese tan fatigado y adolorido me tenía desesperada, poco a poco fue recuperando el ritmo normal de la respiración y se quedó dormido, pasé la noche en vela pendiente ante cualquier signo que me indicara que debía salir de mi casa y buscar una clínica veterinaria de esas que atienden 24 horas y tienen emergencias, sin embargo, ya cerca de las 2 am no pude mas y caí rendida.
Cerca de las 4 am, sentí su ronroneo muy cerca de mi, así que me desperté y lo vi paradito a mi lado, viéndome con sus grandes ojos amarillos, con su patita me tocó mi brazo izquierdo, que estiré para que él como pudo (porque no tenía fuerza en sus patitas) se acomodó y enroscó metiendo su cabeza justo debajo de mi pecho, yo me giré completa hacia ese lado y lo abracé, yo luchaba por no dormirme otra vez, quería aprovechar al máximo su contacto, besaba su pequeña cabecita y él se arremolinaba mas y mas pegándose a mi.
Ya al amanecer, estaba sentado hacia mis pies, pero no se movía, no lo veía nada bien, así que llamé a su veterinario que no me dio muy buenas noticias, y así se fue el día, yo lo obligaba a tomar leche para que tuviese algo en su estómago, le di miel para reanimarlo, pero ya al final de la tarde estaba muy tumbado, con sus ojos vidriosos, respiraba con dificultad y tenía la mirada perdida, recuerdo que lo cargué, lo pegué a mi pecho y comencé a despedirme, a agradecerle todo lo que había sido, todo lo que me había dado en 10 añitos de vida. Me di cuenta lo duro que es ver sufrir lo que amas, así que le pedí a Leo que lo llevara donde su veterinario a que lo ayudara a terminar con el dolor que él estaba padeciendo.
Al llegar Leo allá, la veterinario hizo lo que pudo pero Onix ya se había entregado a irse, así que ayer en la mañana decidió no levantarse, se quedó dormido, de forma natural, apagándose como una velita que se consume hasta el final.
Ayer lo enterramos en una montañita cerca de casa, entre el lunes y hoy no he parado de llorar, lo veo en todos lados de la casa, la primera noche fue terrible, el no sentirlo a mi lado como solia estar, debajo de mi sabana ronroneando, el no verlo en la puerta esperándome al llegar a casa, ha sido muy difícil, ver su platito, sus juguetes, ha sido para mi muy triste y duro y sobretodo hacer las fotos del 365, es una de las cosas que mas me ha costado estos dos días, porque me siento muy deprimida y sin ánimos de pararme frente a una cámara, asi que poso tal cual estoy y me siento.
Quizás sea difícil de entender para aquellos que nunca han tenido una mascota, o no les agradan los animales, pero para aquellos que como a mi les gusta tener de compañía a un ser que te ama incondicionalmente, que te da cariño sin pedirte a cambio nada, que tu le das porque quieres, perderlos es muy duro, es sentir que se te va una parte de tu familia y un buen amigo, pero dejándote un vacío y una sensación que no se describir con exactitud, pero que no es ni parecido a cuando fallece un familiar.
Supongo que por lo reciente y por la forma en como sucedió todo lo extraño, espero que, como siempre, el Señor Tiempo sea el que se encargue de que me acostumbre a su ausencia, pero mientras seguiré echándolo de menos y viendo sus ojitos amarillos en cada rincón de la casa.